(Adaptación de "Momentos en familia" escrita en 2009)
Pasaron días.
Más de los que teníamos.
Se encontró el momento
cuando el tiempo no tiene límites.
Sucesión de historias, cenas y comidas.
Sin huidas... murmullos, voces y melodías.
Tras el aperitivo en el bar;
tras los recuerdos
de una lucha que no acaba;
tras los colores del baile y la música;
tras la felicidad
entre juego, amor, risas y alegría;
tras los regalos y la sorpresa bien guardada;
tras el mojito en el blanco bullicio sin silencio;
tras el preciso objetivo de la cámara...
se encontró el momento.
Sumando las cuerdas
de una guitarra que se apagó
a las de las gargantas,
evocamos el sonido de la complicidad
convocado por un gen compartido
que no es heredado,
y que nos permite elevarnos
a la compañía de la magia
construida con la oscuridad
que se desliza
en cada noche libre,
con las penumbras de cada casa,
con la luz de los rayos
en el mar del atardecer
y los de cada nuevo amanecer.
Y en ello estábamos
cuando el día final se arrima,
aunque todos empujemos
para frenar su salida.

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