sábado, 28 de marzo de 2026

Una mano al dictado del otro lado.

 


El único crucificado
que compartió
durante algunas noches
mi humilde cabecera,
fue fruto de la oración
de Un Santo
y de los sueños compartidos
por Un Genio.

Una nota no escrita en la madera,
cuyos pliegues señalan
que alguien la ha doblado,
anuncia la falta de atributos
en una histórica escena 
alejada ahora
de los cánones marcados.
Ni herido. Ni clavado.
Ni sangre. Ni dolor.
El sufrimiento quedó anclado
al dormitorio de los padres
de mis padres;
y al de ellos que también
fueron clavando.
Al igual
que en las capillas, 
en los altares
y en las vidrieras
 que buscan en las alturas
como durante siglos
han ordenado. 

El único Cristo
que en algunas noches
compartió
mi humilde cabecera,
fue en su origen
el éxtasis dibujado
por San Juan,
el de la Cruz, 
trasladado al lienzo
de realismo fotográfico
con la mano 
que pinta al dictado
de las voces de otro lado.

Crucifixión en fondo negro
anclada al cielo
sobre las misteriosas nubes
que quedan bajo nuestra mirada...
E iluminadas
por un resplandor
que parece cinematográfico.
Su luz alcanza 
un paisaje en calma
del Port
que mira en otras telas:
la bahía,
la barca en la orilla
y el trabajo de los pescadores...
¿de almas?

Y en el claroscuro
la figura humana flota
sobre la verticalidad de la madera, 
proyectando
en el travesaño central
una alargada y difícil sombra
de brazos y manos, 
como una imposible diagonal
que así lo marca. 
Como si fuera
El Padre
quien lo viera.
Por encima 
de los empequeñecidos pies
y las piernas en perspectiva,
su cuerpo relajado
bajo la inclinada cabeza
que oculta el rostro
y muestra,
sobre los músculos
del cuello y de los hombros,
su corta cabellera
sin corona, sin espinas.

Ni contorsiones. Ni heridas.
Ni suplicio.
Solo Metafísica.
Solo Belleza.
Anuncio de las vidas
que necesitan
una Nueva Mirada. 

La única Cruz
que durante algunos años
colgó sobre mi pecho,
hace ya mucho tiempo
que abandonó mi cabecera.

San Juan de la Cruz, 1572-1577.
Convento de la Encarnación, Ávila.



 


domingo, 22 de marzo de 2026

El baile de las estrellas valientes.

 


Linares, 24 de junio de 2025.

Hoy se abre
una puerta violeta
al fondo del escenario
para que mil alas de colores
crucen el mar de la libertad.
Siguen el camino ya recorrido
hacia la isla de las flores;
sobre ellas se posarán
para llevar su mensaje
a la tierra en la que reposan
las cenizas del jardinero.

Su muerte escrita
con la oscura tinta
de las vidas violentadas,
alimentará la nueva luz
del baile de las estrellas
que son diferentes, 
únicas,
especiales, 
valientes. 

Ya no tienen miedo
a ser libres,
a ser felices
siendo quienes son.
Porque cada primavera
se abrirán más puertas
y las mariposas de colores
harán posible el reencuentro
con la tierra,
con las flores,
en su constante intercambio,
en un ciclo que como un milagro
nunca se detendrá
a la transformación deseada. 

Nos faltarán las palabras
para describir sus tonalidades
en un mundo lleno de posibilidades.
Porque el miedo a las bocas
está a punto de irse
para no volver jamás.
Y nosotros
nos estamos preparando
para dejarlo ir.

Hoy, mis ojos miran el mundo
a través de los colores
de las alas de mil mariposas
Libres,
Sin Miedo,
cuya única opción
es Ser Siempre como Son.


Gracias a Ángel Calvente y a "El Espejo Negro" por su creación, por su compromiso.
Gracias a Paul Pen, porque en "La Metamorfosis infinita" me regaló una preciosa leyenda.
Gracias a Alberto Ramos, y a Eiden que me dio a conocer sus versos.
Gracias a Rozalén, por su puerta violeta y su arte.

El cambio que no quiero: años pasados.

  Cuando pensábamos, confiados,  que los oscuros años ya nunca volverían, Joaquín deshojaba una adivinanza que provocaba la risa de los pres...