miércoles, 10 de agosto de 2022

2º. En familia (II).

JMMA, Vaux-sur-Seine, París, Francia, 2022.

(Adaptación de "Momentos en familia" escrita en 2009)


Pasaron años. La mitad de media vida.

Pasaron días. Historias, cenas y huidas.

Murmullos del pasado y el futuro entre comida.

Y al pasar, cuando ni la entrega, ni el tiempo,

ni los idiomas ponen límite,

como si de ayer estuviésemos hablando... 

Se encontró el momento.

Se encontró para recorrer esas vidas

como el cauce ondulado del río

que se mueve entre desniveles.


Tras el aperitivo y el champagne;

tras los recuerdos de una lucha que no acaba;

tras las teselas sobre madera;

tras la madera que sujeta las velas;

sobre la madera que lo contiene todo; 

tras  la felicidad del baile

bajo las bombillas de colores; 

tras la sorpresa bien guardada;

tras el preciso objetivo de la cámara 

que recorrió primero los jardines y después el valle

para terminar en la ciudad;

tras los recuerdos de las melodías...

evocamos la mitad de media vida 

y un cuarto de nuestra alma.


Recuperamos el gen heredado

 de las canciones sin patria

y nos atrevimos a entonarlas;

nos elevamos a la compañía del cariño en la distancia.

Esperamos el momento de la magia, 

construida con la lengua de las cartas.

Llegó cuando el frío de la oscuridad 

se agita sobre los tejados grises

en los que, valiente, se desliza 

un alma generosa y entregada.

Nos alcanzó sin remedio 

cuando la noche se arrima sin descanso

aunque todos empujemos para frenar su salida.


sábado, 6 de agosto de 2022

1º. En familia (I).


                                                                       JMMA, Sancti Petri, Cádiz, 2022.

(Adaptación de "Momentos en familia" escrita en 2009)


Pasaron días. 

Más de los que teníamos.

Se encontró el momento

cuando el tiempo no tiene límites.


Sucesión de historias, cenas y comidas.

Sin huidas... murmullos, voces y melodías.


Tras el aperitivo en el bar;

tras los recuerdos 

de una lucha que no acaba;

tras los colores del baile y la música;

tras la felicidad 

entre juego, amor, risas y alegría;

tras los regalos y la sorpresa bien guardada;

tras el mojito en el  blanco bullicio sin silencio;

tras el preciso objetivo de la cámara...

se encontró el momento.


Sumando las cuerdas 

de una guitarra que se apagó

a las de las gargantas,

evocamos el sonido de la complicidad

convocado por un gen compartido

que no es heredado,

y que nos permite elevarnos

 a la compañía de la magia 

construida con la oscuridad 

que se desliza 

en cada noche libre, 

con las penumbras de cada casa, 

con la luz de los rayos 

en el mar del atardecer

y los de cada nuevo amanecer.


Y en ello estábamos 

cuando el día final se arrima,

aunque todos empujemos

 para frenar su salida.



El cambio que no quiero: años pasados.

  Cuando pensábamos, confiados,  que los oscuros años ya nunca volverían, Joaquín deshojaba una adivinanza que provocaba la risa de los pres...