A punto de cumplir mis seis décadas
sigo la larga fila
empujado por la multitud
que me conduce a contemplar
un busto de seis siglos de historia,
colocado en la sala seis
frente a cientos de cámaras
y tras un grueso cristal
que rompe el Arte.
Lisa, sentada en el sillón
sobre el que posa sus brazos,
despliega su enigmática sonrisa,
en la que distingo una gota de amargura
mientras atrae mágicamente mi atención.
Casi misteriosa
nos aproxima a la realidad
con un tono impasible
que no oculta el pulso de su garganta.
Sus ojos muestran un brillo real
en concordancia
con los sutiles detalles de su rostro.
El significado velo contacta con el aire
para tomar forma
dentro de una atmósfera de niebla
que difumina los perfiles en sfumato
y culmina la inmersión
en los óleos que imitan la naturaleza.
Y tras la "alegre y jovial",
un paisaje azul transparente
que más allá de su profundidad
vuelve a la incongruencia
entre derecha e izquierda,
entre la tierra y el agua.
Contradicción
de la sonrisa y su punto de amargura.
Contradicción
en las dos partes del paisaje.
Contradicción
entre la niebla de la técnica
y la carne real de la imagen.
Contradicción
en la tabla única
de un genio único
sin el ambiente para la "contemplación".
Anti-Arte.

