miércoles, 17 de diciembre de 2025

Como el deseo de la Felicidad.

 

Desde que abandoné las felicitaciones por correo postal, he reciclado año tras año aquellas felicitaciones digitales recibidas de vosotros que más me gustaban para reenviarlas. Este año, al hilo de mi nuevo proyecto "Trazos de la Historia", he querido enviar una felicitación más personal para estos días de fiesta. Y entre los grandes genios de la pintura, he elegido a Rembrandt, sirviendo también como recuerdo de mi paso por Múnich hace ya once años.




Bajo el arco,

la mágica mano impresionista

compone una estampa natural

del recién nacido entre telas

transportadas en la cesta,

con un impresionante realismo

que alcanza con sus dedos

la intimidad del establo.


Trazos hábiles y firmes

dibujan en pinceladas rápidas

las claras y expresivas figuras

que con devoción lo rodean.

En un simple cajón, 

sobre el suelo,

el niño es el foco de luz protagonista

que alcanza de lleno a sus padres,

e irradia 

hasta llegar a la penumbra tenebrista,

mientras se va perdiendo,

 en la sombra,

 como esencia 

sutil y cálida de la profundidad.


Oscuridad

 ocupada en el fondo por los animales

y en las alturas

 por el emplumado nocturno

que domina la escena 

sobre la barra de madera

en el solitario cobertizo

 al final de la escalera.


La reverencia de los más cercanos

y la contemplación del resto

-como representantes de la Humanidad-

iluminados por un débil farol,

expresan la emoción

en una escena rural, rústica,

que celebra la Nueva Vida

con un contenido e intenso deseo

de Ilusión y Felicidad.

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